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El General D. José María Torrijos

Infancia y juventud

Nace el 20 de marzo de 1791, en Madrid. Perteneciente a una familia noble, su infancia trascurrió en la Corte y a los diez años le nombraron paje del rey Carlos IV. Eligió la carrera de militar, así a los trece años ya había alcanzado el grado de capitán. Ingresó luego en la Academia de Ingenieros de Alcalá. Guerra de la Independencia En 1808 estalla la Guerra de la Independencia, guerra en la que participó combatiendo en distintos lugares de la geografía española. En 1810, a sus diecinueve años, alcanza el grado de teniente coronel. Fue prisionero de los franceses, y llevado a Francia para ser juzgado, pero escapa y vuelve a combatir en la guerra. Participó en la Batalla de Vitoria, que da lugar al final de la guerra. Torrijos termina la guerra con el grado de general de brigada. En 1813 contrajo matrimonio con Luisa Carlota Sáenz de Viniegra.

Rebelión a Fernando VII.

Durante el reinado de Fernando VII, surgen en España diversos planes liberales para acabar con el poder absoluto del rey. Torrijos, perteneciente al bando liberal, se unió a los conspiradores que luchaban por la reinstauración de la Constitución de Cádiz, lo que provocó, tras descubrirse la conspiración que preparaba junto a su amigo el también militar Juan Van Halen, que fuese detenido y encarcelado en 1817. Mientras Van Halen se fugó en 1818 de las cárceles del Santo Oficio, Torrijos estuvo en prisión hasta que la revolución liberal de 1820 lo liberó.En 1823, fue nombrado ministro de la Guerra, pero la invasión de las tropas francesas y la caída del régimen liberal le impidieron hacerse cargo del ministerio.

Exilio

Se exilió primero en Francia, y finalmente en Inglaterra, en 1824, donde vivió durante varios años retirado de la política, pero en 1827 comienza a conspirar de nuevo contra el régimen absolutista de Fernando VII, poniéndose al frente de los liberales españoles exiliados en dicho país. Torrijos llegó clandestinamente a Gibraltar el 9 de septiembre de 1830, acompañado por un grupo de íntimos amigos. Allí se vieron fuertemente presionados por los agentes fernandinos, que conscientes del peligro que representaban, intentaron influir sobre las autoridades inglesas del Peñón con el fin de que se procediera a su expulsión.

Plan de Torrijos

Torrijos mantenía correspondencia secreta con algunos liberales de Málaga, la mayoría de ellos desaconsejaban al general que pisara la costa española porque representaba un gran peligro para su propia vida. Todos estaban desesperanzados, cuando de repente, apareció «Viriato» (identificado por los historiadores como Vicente González Moreno, gobernador de Málaga, o un nexo entre éste y el propio Torrijos) que le prometió a Torrijos que podría desembarcar tranquilamente en Vélez-Málaga. Torrijos puso toda su confianza en él, aunque luego resultó ser una trampa. El 22 de noviembre de 1831, «Viriato» envió a Gibraltar a un intermediador, un tal Salas, con el fin de coordinar el viaje y el desembarco de los liberales de Gibraltar en tierras españolas. La noche del 23 de noviembre, uno de los hombres de Torrijos vio a Salas entrar en la casa del cónsul español en Gibraltar (seguidor de los absolutistas), esperó a que éste saliese y le preguntó que hacía allí, pero el intermediador se puso nervioso y no supo que contestarle. El hombre de Torrijos fue rápidamente a decírselo a éste, pero Torrijos no le dio importancia. El 30 de noviembre, tuvo lugar la reunión de los liberales en el barco Virginia para preparar la salida. En un primer momento «Viriato» le había dicho a Torrijos que desembarcara en Vélez-Málaga, pero justo antes de partir de Gibraltar le dijo que lo hiciesen mejor en el Rincón de la Victoria.

Final del viaje

La mañana del 2 de diciembre, divisan tierras malagueñas, tras casi cuarenta horas de viaje. Llegando a la costa les sorprende el barco Neptuno, que abre fuego contra los liberales. Torrijos con su catalejo ve el barco que les está haciendo fuego, descubriendo su identidad. Torrijos manda entonces doblar hacia la costa, pero en ese momento, los dos barcos que les han escoltado desde Gibraltar, les atacan. Torrijos y los suyos se apresuran hacia la playa de El Charcón, no les queda más refugio que la propia tierra. Entonces el capitán del Neptuno ve que intentan huir por tierra y dispara los cañones del barco contra ellos. Cargando con sus armas y una bandera, los liberales, junto con su jefe, forman sobre el monte Guajarzos. En ese momento, el capitán del Neptuno mandó disparar dos cañonazos más sobre ellos, que estallaron muy cerca del grupo. Huida Los liberales inician su camino hacia el interior. En tierra, todo un dispositivo se puso en marcha con el fin de capturar a los liberales. Se pusieron en marcha unidades y voluntarios de todas partes, incluso de fuera de la provincia de Málaga. Torrijos y los suyos deciden avanzar hacia la Sierra de Mijas, y alcanzar las alturas. Detrás queda el valle del Guadalhorce, Málaga y Vélez, es decir, donde se encuentran las personas comprometidas en el plan de Torrijos. Los liberales inician el ascenso hacia Mijas; ellos creen que esta población les prestará ayuda y refugio. Pero, cuando están cerca, en el pueblo se escuchan voces de mando y se divisan formaciones dispuestas a cortarles el paso y capturarles. Los liberales se preparan para rechazar el ataque; Torrijos ordena a sus hombres que bordeen el pueblo por la derecha. En la subida por la vertiente sur de la sierra de Mijas los realistas de Mijas y Marbella les pisaban los talones. Sin embargo, el general decidió arriesgarse continuando su camino hacia Málaga. Tras varios días de camino, descienden por la vertiente norte de la Sierra de Mijas y se adentran en el valle del Guadalhorce. La policía política y los Voluntarios Realistas del pueblo de Alhaurín de la Torre se encuentran en alerta al oír sobre el acercamiento de los liberales. Los realistas salen del pueblo por el camino que va hacia Alhaurín el Grande, y descubren al grupo de Torrijos que iba hacia el pueblo, a la altura del Arroyo del Pinar. Los hombres de Alhaurín de la Torre se ponen en formación de ataque y abren fuego, pero no con la intención de matarlos sino con el fin de ahuyentarlos. Pero los liberales, esquivándolos, escapan, aprovechando el cauce seco del Arroyo del Pinar, y continúan hacia Alhaurín de la Torre. Inmediatamente, se enviaron correos a Málaga y Alhaurín el Grande, dando parte del paso de los liberales por el pueblo. La decepción volvía a apoderarse de los liberales, viendo como de nuevo, una población les negaba ayuda. El problema para Torrijos y los suyos fue que los Voluntarios Realistas habían visto la dirección que tomaron los liberales e informaron a las fuerzas absolutistas que al pueblo fueron llegando procedentes de Ojén, Marbella, Istán, Castanza y Monda. Se refugiaron en la alquería del Conde de Mollina (Alhaurín de la Torre), allí se asearon, se curaron las heridas... Torrijos sabía que sus hombres necesitaban al menos aquella noche para descansar, pero él todavía no había parado; recorrió todo el recinto de la hacienda y le llamó la atención la antigua torre musulmana en el interior de la alquería, que les podría servir al amanecer para observar si el camino estaba libre de enemigos. Mientras tanto, el enemigo, fuera, iba tomando posiciones. Con las primeras luces del alba del día 4 de diciembre de 1831, los Voluntarios Realistas de Coín dispararon sus armas para dar a entender a los liberales que ya estaban localizados y que habían sido rodeados. A continuación se inició el ataque. Los liberales, por su parte, abrieron fuego desde el interior. Torrijos, con fuerte voz pidió parlamento. Los oficiales realistas, próximos a la puerta, mandaron alto el fuego a los suyos y uno de ellos se adelantó para hablar con el jefe de los liberales. Apenas iniciado el diálogo sonaron algunas cornetas próximas, que indicaban que nuevas fuerzas se incorporaban al cerco. Con esto se rompió el diálogo y el ataque se reanudó con mayor saña que el anterior. Pese a todo lo ocurrido, Torrijos no perdía el ánimo y redactó una carta a uno de los comandantes para que se la hiciese llegar a González Moreno, en quien todavía confiaba, donde explicaba que su deseo no era hacer la guerra a los españoles y asimismo le rogaba la presencia del gobernador de Málaga. Su principal objetivo era que cesara el fuego. Había que ganar tiempo, pues confiaba que con la llegada del gobernador habría una buena solución para todos. González Moreno llegó para entrevistarse con Torrijos; sin embargo no se sabe con certeza lo que hablaron. Una teoría es que el gobernador intentara convencer a Torrijos de que se entregase, para, más tarde, cuando llegara el apoyo de los hombres de Vélez, iniciar la insurrección, no convenciendo a Torrijos la oferta que ponía en riesgo a sus hombres. Torrijos le requeriría a Moreno que fuera allí mismo, en La Alquería, donde una actitud pro-insurreccional. El gobernador le daría entonces una segunda infructuosa opción a Torrijos: que durante la noche él o uno de sus hombres saliese al encuentro de los de Vélez para traerlos al lugar. Torrijos le pidió seis horas de plazo para dar una contestación. Después, si pasaba el plazo y no aparecían las fuerzas liberales tendrían que entregarse todos para no despertar sospechas. Torrijos nuevamente había sido engañado; los batallones de Vélez no existían, ni nunca habían existido. La larga noche acabó. Torrijos y los demás jefes liberales que creían que todavía algo podía cambiar la situación en la que se encontraban, solicitaron una hora más de tregua, y acabada ésta, otra media, lo cual, terminó desesperando a González Moreno que no le veía fin a aquello. Fue entonces cuando el gobernador amenazó con asaltar la alquería a la fuerza. Torrijos y los suyos hipotéticamente decidirían entonces que alargar el tiempo más sería poner en una difícil postura al que hasta ahora no consideraban su enemigo: González Moreno. Habría que dejarse detener y esperar que en Málaga el curso de los acontecimientos cambiara. El general liberal mandó entonces izar una bandera blanca en el balcón principal de la alquería. En ese momento, los realistas comenzaron a gritar y a disparar sus armas hacia el cielo, felices por haber conseguido la victoria.

Arresto y muerte

Representación de la "Asociación Torrijos por la Libertad" del fusilamiento de Torrijos, el 6 de diciembre de 2009. Los liberales fueron saliendo de la alquería, dejando sus armas y su munición. Después los cogieron a todos obligándoles a seguir una marcha forzada hasta la cárcel, lo que le daba a Torrijos una clara visión de que aquello no era lo pactado en confidencia con el gobernador de Málaga. Torrijos había descubierto el engaño, pero ya era tarde. El día 11 de diciembre de 1831, a las once y media de la mañana, fueron fusilados en el barrio malagueño de El Bulto.[1]

Póstumo

Tras su muerte, José de Espronceda escribió este soneto, en honor a Torrijos: “A la muerte de Torrijos y sus compañeros Helos allí: junto a la mar bravía cadáveres están ¡ay! los que fueron honra del libre, y con su muerte dieron almas al cielo, a España nombradía. Ansia de patria y libertad henchía sus nobles pechos que jamás temieron, y las costas de Málaga los vieron cual sol de gloria en desdichado día. Españoles, llorad; mas vuestro llanto lágrimas de dolor y sangre sean, sangre que ahogue a siervos y opresores, y los viles tiranos con espanto siempre delante amenazando vean alzarse sus espectros vengadores.”

Actos y memoria

La Asociación Histórico-Cultural Torrijos por la Libertad trabaja para recuperar su memoria histórica. Entre sus acciones llevadas a cabo, destaca la minuciosa investigación dirigida por Jon Valera Muñoz de Toro para descubrir el lugar exacto de su casa natal, el número 28 de calle Preciados, hoy número 32, donde Torrijos por la Libertad, inauguró una placa, que señalará el hecho y recordará su ejemplar vida y su sacrificio por el bienestar del pueblo español.

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